URTAIN

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[Septiembre 2008]
Urtain fue España. España acabó con Urtain. Se suicido.
La idea de Juan Cavestany viene de la posibilidad de hablar de una época de España salida del franquismo hasta el final de su famosa transición marcada por las olimpiadas de Barcelona 92.
Y por otro lado,
La historia de un hombre pequeño, peleándose de verdad con el mundo, intentando saber quién es, intentando descubrir: “¿Qué he hecho yo para que todo lo que hago sea tan sucio?” como el mismo decía.
La metáfora del boxeador y la lucha por la vida es recurrente, pero en nuestro caso, nuestra España, fue real.
Urtain fue utilizado como símbolo, como marca. La del toro, la del coñac, la España con dos cojones, la España de raza que tanto gustaba a Franco. ¡Y encima era vasco!
Necesitábamos un símbolo que saliera de la pobreza y el catetismo a base de ostias… ¡y lo encontramos!
Los políticos y la prensa se ocuparon de auparlo y cuando estaba en lo más alto del trapecio lo dejaron solo y sin red. Finales de los 70, la transición. Cada cuál arrima el ascua a su sardina.
Urtain ya no interesa. El alcohol, el olvido y la falta de recursos se ocupan del resto.
Es paradójico que, mientras el deporte español triunfa en las olimpiadas de Barcelona 92, Urtain se suicida.
Siempre he pensado que todo el deporte, la competición, tiene algo de fascista, y en el caso de Urtain su “raza” tampoco le aseguro la pensión
Andrés lima
DESDE LA AUTORÍA
En el año 2000 empecé a escribir por encargo un guión cinematográfico basado en la vida del boxeador José Manuel Ibar, conocido como el Morrosko de Cestona o más aún como Urtain.
Urtain fue un boxeador tan mediocre como era la España franquista de finales de los años 60 y comienzos de los 70 del pasado siglo. Sin embargo (o tal vez gracias a ello) alcanzó una gran fama y se convirtió en uno de los grandes personajes "mediáticos" de nuestro país. Se quitó la vida saltando desde la terraza de un décimo piso en 1992, cuatro días antes de que España purificara su imagen mundial a través de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.
No existía ninguna biografía de Urtain. Todo lo que respecta a su vida y su carrera estaba desperdigado en las hemerotecas, las videotecas y los recuerdos a menudo contradictorios de quienes le conocieron. Por lo tanto tuve que hacer un intenso trabajo de documentación y entrevistas para elaborar un esquema lo más completo posible de la vida de Urtain, y en ese empeño llegué a convertirme en un experto en el personaje.
Entonces fue cuando me di cuenta de que toda la documentación que había acumulado no me servía. Lo sabía todo sobre Urtain, pero el caso es que al final de sus días, Urtain se había suicidado. Y suicidarse ¿no es una forma de decir al mundo: "no sabéis nada"?
Cuanto más me documentaba, más presente se me hacía la voz de Urtain desde ultratumba diciéndome: "no sabes nada".
Fue por entonces cuando cobró vida la idea de llevar este proyecto al teatro.
La historia de "Urtain" no podía ser meramente la historia de un "juguete roto" que culmina con un salto mortal al vacío. Decidí empezar por el final, conocido por todos, y caminar hacia el origen, envuelto en las tinieblas atávicas de la España profunda.
Andrés Lima me llamó la atención sobre una posible vía de trabajo: la retórica de la crónica histórica no debía servirnos como herramienta para alcanzar un determinado fin, sino que era casi un fin en sí mismo.
"Urtain" es un viaje a través de una España que se mueve por un camino marcado por la sangre y la política, el destino y la fabricación, la inocencia y la mentira, el deseo atormentado y la posibilidad siempre fugaz del éxito.
Juan Cavestany
